Lo que viene, en el mejor escenario, es un proceso de decantación y renovación del medio. Soplan vientos de cambio, de los buenos para separar el trigo de la paja. Y las revistas y suplementos que dicen tener un enfoque de servicio al lector, pero con poco o ningún periodismo humanista, van a empezar a perder sentido y razón de ser, a menos que se integren con éxito en un soporte electrónico. Porque los servicios, más y mejores, están en la red.
Aunque algunos ya lo hayan olvidado y parezca lejano, hace menos de una década todavía comprábamos el periódico para ver la cartelera del cine o los resultados del fútbol o el béisbol de grandes ligas o el tenis o el hipódromo o la Lotería Nacional, todo eso era parte de la noticia y el ejemplar del periódico era el medio por excelencia para informar. Ya no y cada vez menos, aunque aún muchos lo lean, por hábito, porque no conocen otra cosa y no quieran conocerla, el empaque es obsoleto en todos los sentidos y ya ni siquiera llega a tiempo para informar.
Por si fuera poco, el periódico no puede llevar al lector más allá de sus páginas, de su línea editorial y de lo que sus periodistas pueden decir. Quienes siguen lo que está pasando en Honduras, o lo que hace Obama, o la situación en Irán, y de verdad les interesa, no se conforman ya con lo que dice La Jornada o Reforma, en caso de que alguien quiera pagar por ambos, cuando se tiene la posibilidad de entresacar la información desde perspectivas y ángulos diferentes, vincularla de manera hipertextual con información afín, y darle un verdadero seguimiento a cualquier evento a nivel mundial con una búsqueda detallada, que no sólo implica noticias y columnas de opinión escritas por medios locales o de alcance y distribución internacional, sino también la presencia creciente de un periodismo ciudadano que florece en la red con las nuevas tecnologías, a través de foros y comentarios de los lectores y que permite como nunca antes tomarle el pulso a lo que piensa y siente la gente, las “masas inteligentes”, los espontáneos. (A este renacer del periodismo ciudadano me enfocaré en un post aparte).
Pero, más allá de la noticia, dentro de poco nadie que esté interesado en un tema específico va a esperar la próxima edición del suplemento semanal o de la revista mensual que ocupa el nicho para ver si saca algo sobre este o aquel asunto, ya sea un nuevo accesorio, un suplemento alimenticio o si está bien el color de la caca de su bebé. Cualquier lector medianamente informado sabe hoy dónde encontrar la información que le interesa. Y más que eso, dónde encontrar a sus pares, con quién compartir esa información y ese interés.
Y me detengo a analizar… la caca del bebé con la atención de una madre primeriza. En el último año en que estuve en Reader’s Digest fui testigo de la inútil lucha de sus directivos por salvar la revista Crecer Feliz. En cada reunión del comité editorial (que eran todos, ventas, editorial, mercadotecnia, etc) se hacían propuestas: que si el sampleo de revistas en las salas de maternidad, que si Padres e hijos hacía esto y Mi bebé y yo hacía lo otro, que si Martha Debayle y su bbmundo (definitivamente el concepto que se va a imponer)… que si regalarla como estaba haciendo la competencia. Y revisemos el P&L, y veamos como se está comportando la publicidad… (No, no se está comportando, ni siquiera se está reportando). Yo había desistido de participar en el debate porque todos sabían mi postura y era lo que nadie quería escuchar: Crecer Feliz había pasado a la historia hacía rato, y todas las revistas del nicho iban a correr con la misma suerte. Y así va a ser por una simple razón: las mujeres que están en edad de ser madres hoy, en la zona, y mucho más las que vienen, y que saben leer, no van a tener ninguna duda de hacer la consulta que necesiten sobre lo que sea que le ocurre a su bebé, o lo que quiera saber, no sólo en los sitios de Internet, más o menos serios y confiables, con reconocidos expertos, sino también en los cientos de foros de madres que han pasado por lo mismo, y que viven emociones y preocupaciones cercanas y las comparten en la red con sus pares. Y ahí es donde está la verdadera competencia de este tipo de revistas.
En Reader’s Digest, que ha desatendido tantos llamados, eligieron siempre y a conciencia abortar cualquier iniciativa que implique una inversión seria en renovarse. Hacen como el avestruz para no ver lo obvio: que una buena parte de las revistas de nicho como Crecer Feliz están condenadas a muerte (Ya Crecer Feliz liquidó, by the way). A los directivos comerciales de turno no les convenía enfrentar realmente el problema de fondo, la transición necesaria hacia la plataforma electrónica que genera comunidades e interactividad y es la apuesta imprescindible en publicaciones con una audiencia como la de Crecer Feliz, con una clara segmentación y temporalidad de usuario.
Así está pasando en medio mundo, muchos directivos y empresas editoriales ahora quieren “salvar” revistas y publicaciones insalvables (e impresentables, ya de por sí muy maltradades por la reducción de presupuestos, el copiar-y-pegar y el descrédito en los contenidos editoriales), sólo con palos de ciego y pataleo de ahorcados, porque no hay presupuesto autorizado para nada más y es todo lo que pueden hacer para mantenerse en su puesto, aunque en el fondo ellos mismos sepan que nada de esto tiene futuro, que viven en un compás de espera y que, por el contrario, están contribuyendo a generar una situación insostenible para sus revistas, un circulo vicioso en el cual la búsqueda de soluciones de corto plazo, y de muy bajo costo, sólo sirve para hacer publicaciones periódicas cada vez peores en todos lo sentidos y prolongar la agonía de sus títulos, mientras el negocio emigra a la red a velocidad creciente.