Enero 13, 2010

Gracias a la vida (que me ha dado tanto)

Lo veo siempre cuando voy a la escuela de mi hijo. Se sienta en una silla de plástico blanco de frente a la calle, junto a un lote en construcción, y está así todo el día. Puede ser velador o algo, no sé, pero en las tardes ahí sigue, fuma, toma café y refrescos. Tiene la cara y las manos cubiertas de verrugas profusas e inmensas. Es un hombre delgado, pequeño, probablemente de mi edad, y más allá del problema de la piel no parece estar muy enfermo.

Es quizá el hecho de que esté ahí sentado todo el santo día, sin hacer nada, dormitando, lo que me deja la impresión de que lo aqueja un mal mayor. Me he figurado bajándome del coche y preguntándole: ¿Cómo puedo ayudarte? ¿Hay algo que pueda hacer por ti? Pero es sólo eso, una figuración, la espuela de mi yo filantrópico: siempre puedes hacer algo más que apenarte por alguien. Preocuparte debe ser sólo la antesala de ocuparte. Aún así, sé que no voy a hacer nada.

A pesar de que siempre está, aún llega a sorprenderme cuando enfilo la calle y lo veo desde mi ventanilla. Y prefiero no haberlo visto. Porque me saca del flujo de mis pensamientos por unos segundos y me mete en reflexiones sobre las desigualdades y las miserias humanas. Porque no nos gusta la fealdad, sólo la aceptemos. Porque me recuerda que no hago todo lo que pudiera por ayudar, que no doy lo mejor de mí para quitarle un poco de infelicidad al mundo.

No sé por qué ha decidido sentarse ahí, siempre de frente a la calle, por qué quiere que lo vean. Sus razones se me escapan, pero he aprendido mal que bien a lidiar con las mías, con los mensajes. Y esta visión es un recordatorio, temprano en la mañana y casi cotidiano, de lo mucho que tengo que agradecer, un testimonio de la falta de pedigrí de mis miserias, de la prepotencia de mi propia infelicidad cuando creo que toqué fondo, que tengo poco y nada le debo a la vida.

Enero 2, 2010

“The Road”, de Cormac McCarthy

Releo The Road. Inicio el año 2010 con el libro a la mitad y aún sin adjetivos que sirvan para declarar el reconocimiento a tal maestría y honestidad literaria y la habilidad para crear historias tan terriblemente humanas, sin remilgos, sin alardes, sin aristas.

¿Cuántas palabras, páginas, libros, se necesita escribir, desechar, volver a escribir, una y otra vez, miles, decenas de miles, acaso cientos de miles, para llegar a hacer algo como The Road?

Reconforta saber que se puede, que está dentro del rango humano, que alguien lo hizo, y que todavía quedan escritores con el temple de Cormac McCarthy.

Diciembre 9, 2009

¡Abajo la filantropía y el altruismo! ¡No pasarán!

Ayer escuché de nuevo el argumento en contra de los ricos y famosos que hacen donaciones y obra social: no es que les interesan los pobres ni un chorizo, deducen impuestos y de paso limpian su imagen y hasta su conciencia. Dejé caer la pregunta: ¿Entonces son mejores ciudadanos y seres humanos los que no hacen nada?

Por supuesto, es mejor entregarle ese dinero al gobierno en la forma de impuestos, que ese sí sabe qué hacer para abatir la pobreza y no se lo va a dar a los partidos para sus campañas ni nada de eso. Es mejor confiar en la capacidad de nuestros ministros, senadores y diputados para repartir ese dinero y generar igualdad de oportunidades y desarrollo.

Seguro es mejor que haya más multimillonarios en el mundo para quienes los pobres y los discapacitados son paisaje, y lejano, ni siquiera el que se ve en las carreteras panorámicas. No hay duda de que el avaro insoportable que es Bill Gates lo hace por limpiar su imagen, tan sucia por haber ganado tanto dinero, y con tan mala conciencia por crear su satánica plataforma esa de Microsoft que sólo sirve para que millones de personas trabajen y se comuniquen.

Y claro que la Fundación Telmex lo que pretende es ocultar los malos servicios de la compañía telefónica, y que es un monopolio y un negocio mal habido y todo eso, aunque nadie hasta hoy lo haya podido demostrar. Seguro, todo eso sale de la mente aviesa del malvado Carlos Slim, tan rico, y tan vago que ni trabaja y se sienta el día entero a echarse fresco en los huevos en su curul de San Lázaro, cuando no está tomando por la fuerza algún recinto federal para protestar. Seguro que si Carlos Navarrete o el Peje manejaran Telmex ya se lo habrían entregado a los pobres para que lo administraran y distribuyeran equitativamente sus ganancias. O lo habrían compartido con Elba Esther para educar a tantos niños y que los mexicanos salgan de su ancestral ignorancia y no eso de estar dando migajas para que estudien unos pocos.

Igual todos esos actores que en lugar de estarse drogando y armando escándalos como Linsay Lohan, o dándole pescozones a su novia tipo Chris Brown, o coleccionando raperos perendengues, o gastándose su dinerito en ropa de marca, que es lo que les corresponde hacer, se van a África para que los vean con los hijos de la hambruna y hasta los adoptan. Lo hacen por su imagen, claro, y por su mala conciencia, porque la verdad es que Angelina Jolie y Brad Pitt le han hecho tanto daño al mundo, han generado tanta cosa libidinosa, que tienen que sentirse culpables y por eso se van a Camboya a buscar chinitos y a África a buscar negritos para sentirse mejor con sus vidas. Sobre todo Angelina Jolie: ¡Pero si es una asesina de niños! ¿Tiene usted idea de la cantidad de bebés que han dejado de nacer en todo el mundo por todos esos muchachos emprendedores, sanos y fuertes jalándosela frente a su computadora a cuenta de Angelina? Es una vergüenza.

Y Madonna y Bono y todos esos rufianes. Quieren que les creamos que son buena gente. Y eso sí que no, cuándo se ha visto un rico buena gente. Uno es buena gente mientras es pobre, cuando sales de la pobreza, ya no, automáticamente te vuelves malo. Por eso, para que haya más gente buena en el mundo, tiene que haber más pobres. Así que, por favor, señores riquillos que quieren limpiar su imagen a costa nuestra, déjennos tranquilos que no queremos ser como ustedes. Y paguen impuestos, cabrones.

Diciembre 8, 2009

Sueldo de diputado

Aventuré una suma. Era lo que pensaba cobrarles por hacer su revista. Me miraron con los ojos vacíos. Se miraron entre ellos, marido y mujer, abogado y periodista. Y no dijeron nada. En la segunda ronda sí: me explicaron, casi con timidez, que lo que yo estaba pidiendo era lo que cobraba aquí un diputado. Con lo cual querían decir, valga la aclaración, que se trataba de una cifra exorbitante. Yo seguía sin entender. Sabía la diferencia de sueldos entre la capital y la provincia y me había bajado a lo mínimo que consideraba digno. ¿Sabes lo que cobra aquí un editor?, me dijeron. Por lo que veo, una miseria, les dije, pero ustedes quieren que yo sea el Director Editorial y de una revista de política ¿conocen la diferencia?. Era evidente que no, pero disimularon. O sí, pero igual disimularon.

Después empecé a leer periódicos y revistas locales y entendí. Que la labor de un editor valga tan poco. Que hicieran la comparación. Nada menos que un Diputado. ¿Cómo iba un humilde editor, un malversador de palabras, un remendón de párrafos, a compararse en nivel socioeconómico con una figura tan honorable, trabajadora, productiva, eficiente e importante para la economía del país como lo es un diputado mexicano? Y más si lo hace como se hace aquí el periodismo. Elija usted uno cualquiera entre la decena de diarios que circulan en Quintana Roo y trate de leerlo y entenderá por qué el trabajo de un editor se tiene en tan alta estima. De escritor ni hablemos.

Por supuesto, no llegamos a un acuerdo. Les dije que me llamaran el día que supieran qué hacía un Director Editorial, que si no podía cobrar un sueldo que me permita mantener a mi familia con lo que sabía hacer, con lo que aprendí mal que bien con años y esfuerzo, entonces me buscaría otra cosa. Por lo pronto, ya empecé a tomar clases de buceo. Aunque en el fondo lo que yo quisiera encotrar es una plaza de diputado. Muy en el fondo.

Diciembre 7, 2009

Periódicos de Quintana Roo; un paisaje desolador

Hay una decena de periódicos en Quintana Roo, lo que no abunda es un periodismo digno. Si en México y el mundo la prensa escrita pierde terreno, y está contaminada hasta el tuétano por intereses que nada tienen que ver con informar, opinar y hacer pensar, en QR parece haber perdido absolutamente el rumbo y su razón de ser.

Quienes participan en el debate sobre la crisis del diario impreso a nivel mundial podrían darse una vuelta por QR. Por lo menos, tendrían otra perspectiva de cómo funciona el negocio de los periódicos aquí. En la calle te dirán que nadie los lee, pero hay una decena de diarios y otros anuncian su llegada. Lectores o no, periodismo o no, ninguno parece estar a punto de cerrar.

La primera misión de la prensa aquí, con mayor o menor intención, podría ser desinformar, no opinar (a menos que medien intenciones muy puntuales) y mucho menos gestar opiniones fundamentadas, con base en el reportaje serio y el dato concreto y objetivo. Lo que sí abunda es la escritura sin pies ni cabeza, notas que no se inscriben en ningún género periodístico, redactadas todo lo mal que se puede, con errores de todo tipo, como para que la gente sepa que con el periódico no va a aprender a leer y mucho menos a escribir. Ni va a aprender nada.

Segunda misión: sublimar la violencia y la tragedia. Hasta la volcadura de un coche y un hueso roto en el más trivial de los accidentes puede llevarse la portada del día, o cuando menos un buen posicionamiento siempre que haya sangre. Y si no la hay se inventa. El más mínimo rumor de “levantón” se da por bueno, cualquier forma de delinquir, hasta el hurto de un Chupa Chups en un Oxxo es noticia en los periódicos de QR. Y, sobre todo, parece haber un oficioso afán por demostrar que el crimen organizado está ganando la pelea y que hasta el más torpe ratero es integrante de los zetas, o algún otro grupo, o se prepara para serlo.

Parecen estar convencidos de que eso es lo único que vende y lo que se merece su público. “Aquí la gente viene a hacer dinero y a farolear”, me dice una amiga, “a nadie le interesa si los periódicos están bien o mal escritos”.  Y la conclusión obvia: con eso no te vas a ganar la vida. “Es eso y las viejas encueradas y los clasificados, y si acaso salir en sociales”.

Por supuesto, no es lo que le venden a los turistas. Los dueños de los periódicos saben que si los locales no los leen, mucho menos van a hacerlo los millones de turistas que visitan Quintana Roo. O lo harán un día y se irán. Si más allá de las fronteras del estado se manejara tal imagen de violencia y barbarie desatados como se refleja en la prensa quintanarroense, el turismo terminaría por derrumbarse. Pero hacia fuera, convenientemente, se vende la necesaria imagen de un lugar seguro. Bastaría con comprar los periódicos de Quintana Roo un solo día, escanear sus páginas y enviarlas a una gran cadena de medios que estuviera dispuesta a darle cobertura mundial. ¿Qué impacto tendría? ¿Y qué pasaría si se desploma el turismo en Quintana Roo? ¿De qué van a vivir los dueños de los periódicos y los periodistas? ¿Y los empresarios y los políticos y todo el mundo en un estado que vive del turismo?

Más que reflejar la violencia y la inseguridad en el estado en un contexto mayor, los periódicos, conscientes o no, contribuyen a crear un clima de violencia e inseguridad. La exacerban porque viven de ella, porque es lo que vende. Pero es un juego peligroso. ¿A qué intereses sirve, más allá de los propios, hacer sentir que la delincuencia y el caos señorean en Quintana Roo y mejor nos vamos acostumbrando?

Y no se trata de que no haya violencia. Por supuesto que la hay. Pero es igualmente cierto que los niveles de inseguridad y delincuencia no se comparan ni remotamente con otros estados de la república ni se corresponden con el eco que tienen en la prensa escrita. Ni la corrupción policial, ni la colusión de otros sectores del poder y la sociedad, ni la presencia del crimen organizado.

Y no se trata sólo de la violencia. Tampoco. Sino del absoluto y radical desinterés que parece haber por dignificar el periodismo, por la nota bien escrita y la investigación seria, independiente, imparcial y objetiva. Todos parecen tener más que claro que su contribución es importante, pero en otro sentido. Entienden mejor que nadie que “aquí la gente viene a hacer dinero y a farolear”, aunque sea el peor estigma de ciudades como Cancún, sin historia, sin cultura y al parecer sin interés alguno por fomentarla. Una sociedad sin una clase intelectual, ni vocación por las artes y las letras, y nada se diga del pensamiento, asentada en el flujo del dinero fácil y rápido, sin conciencia de sí misma ni afán de permanencia, que aquí todo se vive por temporadas, todo es volátil como la arenas de las playas, que se van y regresan con las mareas y los huracanes, como el dinero, como la gente, que viene aquí a hacer dinero y a farolear. Pero el paisaje más desolador son los periódicos mismos.

Noviembre 26, 2009

Ser del Caribe

Si la infancia es la patria o la patria es la infancia (Rilke o Gabriela Mistral), yo soy cubano. Si cuenta para algo lo que viene después de ese período, en sí mismo anodino, entonces tendría que decir que en México he escrito toda mi obra publicada hasta hoy, y he vivido más de la mitad de mi vida adulta en el DF. Cuba ha resultado ser un amor imposible y la jungla de asfalto mexicana fue desde el inicio un territorio hostil para un hijo de la tierra y el mar, no de la ciudad. Tendría que volver al Caribe, confluencia de ambos mundos, punto de intersección, territorio cuya ciudadanía proclamo y reclamo, más que la de un país. Mare Nostrum, Terra Nostra. Finalmente, aquí estoy, oh romance. A ver cuánto duro con este jodido calor y los puñeteros mosquitos y la aridez intelectual del entorno.

Noviembre 26, 2009

Parque Kabah

Olores de amanecer selvático en el corazón de una ciudad que despierta. Ha sido el primer descubrimiento feliz. Para empezar, he retomado sin mucho esfuerzo los veinte kilómetros semanales. Área protegida desde 1995, dice a la entrada. Coatíes, pájaros y tortugas cruzan intempestivos el sendero que se abre sinuoso entre la vegetación. (Mmm… ¿puede una tortuga ser intempestiva?). Hay mucha gente desde temprano, el lugar se llena sin desbordarse, vienen a hacer ejercicio. Para quienes buscan socializar o exhibirse hay lugares en la ciudad menos humildes y pedestres. En cada cuadra hay un gimnasio. Cancún es un poco como Miami Beach pero sin Ocean Drive, sin una fauna local discernible, no sé a dónde van a exhibirse los cancunenses. Por lo pronto este es un buen lugar, da gusto estar aquí, sudar, oxigenar el cerebro.

Correr en las mañanas siempre me ha resultado benéfico en otros sentidos más allá de lo físico, y no sólo como ejercicio de la voluntad. El corazón empieza a bombear a mayor velocidad y el torrente sanguíneo fuerza su entrada en mis sulfatadas dendritas y las ideas se empiezan a mover, a aclararse ciertas imágenes. Algunas regresan a casa conmigo y se abren camino hasta la página en blanco. A veces la chispa está ahí desde antes y se inflama con la carrera. La que no anida no era mía, no tengo que preocuparme por lo que me abandona, sino ocuparme con lo que se queda. Eso hago. Ahora. He echado a andar, sin prisa, digo con Robert Frost: “I have promises to keep, and miles to go before I sleep, and miles to go before I sleep”

Octubre 21, 2009

La nalga corrompida de Alejandra Guzmán

Dice Pérez Reverte en una entrevista que acabo de leer: “Lo peor del mundo son los estúpidos; y eso, realmente, no tiene solución. Un malo puede cambiar o se puede negociar con él, pero un estúpido lo será siempre, no cambia jamás. Cuando un golpe de la vida se lleva por delante a un estúpido no parpadeo demasiado. El peor daño a la Humanidad se lo hacen los estúpidos”.

Lo que no está considerando Pérez Reverte es el daño que podría causar a la Humanidad una desaparición masiva de estúpidos. Lo primero que se iría con ellos serían los periódicos y la televisión. Y como quienes viven de explotar la estupidez humana en los medios de comunicación llenan nómina en el sector, millones quedarían en la calle. Y a esos desempleados se sumarían cientos de miles provenientes de áreas de mercadotecnia y agencias de publicidad. Ya sé, siempre quedaría el arte, quedarían las ciencias, pero ¿alguien se imagina un mundo sin Televisa? ¿Toda esa gente en su casa sin tener nada que hacer porque, además, les quitaron la telenovela y los reality shows y a Chabelo y a Pati Chapoy? Eso es ya un peligro inminente de un estúpido estallido social.

Se me ocurrió llevarme el periódico al baño y abrirlo al azar, en cualquier página, que de todos modos casi nunca dice algo que valga la pena leer, y así di de narices con un titular a toda plana sobre una infección que tiene en una nalga una tal Alejandra Guzman por unos no-implantes que nunca se puso. En la foto se veía una mujer demasiado  blanca y vieja (no la nalga podrida por supuesto) como para ser una niña refugiada de Darfour, pero así y todo leí el artículo y me estremeció hasta el estreñimiento. En qué mundo vivimos, me pregunté, que noticias como esta, que no lo deja ni cagar a uno, estupidez sobre estupidez sobre estupidez sin límites de tiempo o caídas, copan los periódicos y la televisión y los medios de comunicación en general hasta llenarle la cabeza a la gente de esa mierda como para que se olviden del mundo en que vivimos. Espérate ¿ahí se me fue? ¿a la cabeza?.

La entrevista entera con Pérez Reverte, que es buena y es breve, para quien le interese, está aquí:

http://www.abc.es/20091020/cultura-libros/peor-mundo-estupidos-realmente-20091020.html

Septiembre 21, 2009

El periódico y el nuevo ecosistema de medios

Decía Álvarez Guedes, comediante, que antes los problemas de salud no eran tantos ni había cosas tan sofisticadas como una ‘broncoaspiración’. Todo era más simple: la gente se moría de repente o de algo malo. El periódico estaría en el segundo grupo.

Quiero hacer énfasis en lo siguiente: nadie ha dicho que el periódico vaya a morir de un día para otro, ni tampoco van a desaparecer TODOS los periódicos. Repito mi apreciación, la misma que llevé al foro de Danilo Black en la cumbre de diseño de Monterrey a principios de septiembre: es el periódico impreso, no el periodismo, el que está agonizando, o para ser más precisos: es el modelo de negocios basado en el diario el que va a sufrir las transformaciones más profundas y en muchos casos  podría incluso dejar de existir.

El concepto de periódico se basa en la la noción de una entrega periódica de información con un foco principal en lo noticioso y un cierre diario. En la era digital el lector interesado cuenta con un flujo continuo de información y acceso a fuentes de todo el mundo, lo que hace obsoleto el mecanismo según el cual tiene que esperar a la salida de una publicación específica para recibir la información deseada.

Queda el hábito, ¿pero de quiénes y hasta cuándo? Incluso los inmigrantes digitales, que crecimos leyendo periódicos, sabemos que por la vía digital podemos obtener y contrastar cualquier información con modelos más flexibles, mayor diversidad de fuentes y recursos a cualquier hora, incluso de forma gratuita (aunque esto último puede no durar mucho).

Los nativos digitales ni siquiera tendrán el hábito ni encuentran ningún tipo de dificultad o limitación para acceder a la información por la vía digital y la prefieren. No obstante, el cambio no va a ocurrir de la noche a la mañana por varias razones. La base tecnológica: el acceso a internet de banda ancha en México, por ejemplo, hasta el año pasado era inferior al 30% de la población. Los anunciantes lo saben y también que es precisamente la población más joven, y por lo tanto con menor poder adquisitivo y decisión de compra, quienes pasan más horas en internet. Pero eso está cambiando a pasos acelerados, tanto como que son los ejecutivos altos y medios de las grandes empresas los que mayor uso hacen de otros medios basados en lo electrónico como la telefonía móvil (no pueden vivir sin blackberries, iphones y demás accesorios).

En Monterrey traté de enfocar mi ponencia a ofrecer a editores, diseñadores y otros un panorama de lo que se está haciendo an algunos medios impresos de vanguardia para asimilar y asimilarse al entorno electrónico y cómo sacar mayor provecho de fenómenos como, por ejemplo, el periodismo ciudadano. Digo traté, pero no lo logré, nunca llegué tan lejos. Un error imputable sólo a mí, aunque también hay que destacar que la sola mención del periodismo ciudadano fue recibida con verdadera animadversión por más de un profesional de las publicaciones periódicas.

En cualquier caso, el punto para mí es que los diarios harían mejor en encaminarse lo antes posible a adaptarse a este nuevo entorno y a integrarse de manera positiva y proactiva en este nuevo ecosistema de medios, en lugar de asumir actitudes reaccionarias. La única reacción posible hoy es reconocer sin dilación los cambios en los modelos de negocios y en los hábitos de los consumidores y actuar con base en tal reconocimiento para adaptarse e integrarse mejor a la era digital, cueste lo que cueste. O morir.

Por último, me gustaría señalar que esta nueva realidad presupone, sobre todo, un enorme reacomodo de fuerzas y de modelos. Muy probablemente las publicaciones LOCALES y COMUNITARIAS salgan fortalecidas cuando menos en una coyuntura de corto y mediano plazo, en la medida en que lo noticioso a nivel global migra a la red con un soporte multimedia y el peso de un seguimiento de profundidad de cualquier historia le otorga una energía renovada al periodismo narrativo y de investigación y con ello un nuevo predominio a publicaciones periódicas como semanarios, revistas y suplementos. AJ

Agosto 6, 2009

Culum Culum, crónicas mayas con mezcal y temascal

Playa del Carmen. Me refresco en un bar de la Quinta con una mala cerveza, aquí no hay de otra, en ninguna parte; puedes elegir entre los meados del Grupo Modelo y los de Cervecería Moctezuma, no hay más. Playa del Carmen en vivo y en directo y por unos cuantos días. Me relajo y observo, que casi vine a quedarme. Un neomaya que debió ser extra en Apocalypto y se quedó con el atuendo (hasta los lóbulos hipertrofiados) estaciona su bicicleta y cruza la calle y me doy cuenta que es mitad maya místico y mitad darketo-gótico. Esto sí es fauna local. Estamos viviendo un verdadero revival maya new age. No basta con que en toda la riviera… Maya tengamos ya alta cocina maya, bodas mayas, rituales mayas (todos muy buena onda, energía positiva y convivencia con la madre naturaleza), necesitamos auténticos creyentes y oficiantes del glorioso pasado maya (aunque los rasgos del cicleto denoten más sangre europea que indígena), verdaderos hijos y devotos de la grandeza de estos sabios y pacíficos antepasados que, está bien, aceptemos, tenían algunas costumbres raras, pero no es para tanto. Eso de sacarse el nabo delante de los comensales, pinchárselo y regar su sangre sobre la comida como ofrenda no lo hacían por incivilizados, lo que la gente no entiende es que esa era su CI-VI-LI-ZA-CION. No es que les gustara la sangre, eso es cosa de Mel Gibson (ya ven lo que hizo con la pasión de Cristo, y en Braveheart, a ese sí le gusta la sangre) pero los mayas no eran así. Hay que entender que tampoco tenían ni siquiera una hoja de buen acero y sacarle el corazón o arrancarle la cabeza a alguien con un cuchillo de obsidiana sin derramar mucha sangre es un poco difícil. Pero no significa que les gustaran los derramamientos de sangre, lo hacían por sus dioses. Y si hacían ductos y canales para que corriera el preciado líquido en sus centros sacrificiales no es porque estuvieran previendo que iban a echarse a un millar en un día, simplemente estaban conscientes de que a veces sobraban prisioneros, o los dioses podían tener una sed especial cualquier día y en esa época tampoco existía ni el grupo Modelo ni el grupo Moctezuma y sus ambarinos y sosos meados. Ellos en sí, los mayas, eran pacíficos por naturaleza, si hacían ciertas barbaridades era porque sus dioses tenían unos gustos medio diabólicos.

Además, eran unos grandes amantes de la naturaleza. Está bien, usaban la agricultura de roza y quema, pero eran unos pocos y no afectaban taaaaanto el entorno. Al contrario, los culpables, como siempre, fueron los españoles que pusieron un hacha en sus manos, porque si difícil es cortar una cabeza con un cuchillo de pedernal (u obsidiana) más difícil es tirar abajo el tronco de un zapote de quince metros con una maza con cuchillitas de obsidiana. Ellos amaban a la madre naturaleza, por eso no herían el bosque, le prendían fuego nada más, sembraban, recogían y prendían otro fueguito más allá y así. Eran gente muy inocente y amantes de la madre naturaleza, por eso hay que honrarlos y rescatar ese glorioso pasado de grandes urbanistas y arquitectos. Para levantar sus megatemplos y ciudadelas tipo Chichen Itzá simplemente les decían a los árboles que se fueran a otra parte, no los talaban ni los quemaban, y los árboles entendían, y más les valía porque era por los dioses y a éstos sí no había que enfurecerlos.

Y bueno, tampoco usaron la rueda, a menos que fueran los perendengues que se ponían en las orejas, ni conocieron la forja (y por tanto no tuvieron una Edad del Hierro ni una Edad del Bronce) ni la moneda, ni ninguno de tantos inventos de otras civilizaciones que significaron saltos en el desarrollo humano, pero eso sí, eran unos verdaderos sabios que se aplicaron con singular denuedo a matarse entre ellos, fuga de cerebros a mazazo limpio (sesos al aire). Muchos investigadores piensan que no hubo tal sequía ni hambruna ni enfermedades, simplemente se aniquilaron entre ellos, pero es difícil concebir eso de un pueblo taaan sabio. Eran guerreros, está bien, y sacrificaban humanos por montones, pero toda civilización tiene sus taras y no hay que dejarse impresionar por eso, sino ver lo importante, sus grandes aportes a la cultura universal, como el indescifrable dizque alfabeto maya (aquí dice que el príncipe de Calakmul le robó la mujer al de Xingun y mil guerreros frigios… no, eso es de los griegos, en fin, es que estos glifos están un poco gastados) y, sobre todo, el más grande legado que pudieran dejarnos como la gran raza que fue, de gente sabia como eran: desaparecer, que la vida no vale nada si no es para perecer, porque otros puedan tener lo que uno disfruta y ama, como dijo el gran Pablito Milanés FG y su Tumbao, no trascender hasta nuestros días, haber dejado de existir como “civilización” siglos antes de que llegara la lacra de la conquista, y así poder renacer con nuevo esplendor en nuestros días e iluminar con su gran sabiduría a esta humanidad desorientada y consumista. Mundo maya yes, goood, we love temascal, no not mezcal, Indio, Corona, Mexican beers. Dos Equis o XXX. Senotes, we love senotes too… llevarme al Chili Willies, Silicon Mountains, a un ritual maya con brasileiras, please que ya se me subió la Corona a la cabeza y me siento conquistador.