Octubre 21, 2009

La nalga corrompida de Alejandra Guzmán

Dice Pérez Reverte en una entrevista que acabo de leer: “Lo peor del mundo son los estúpidos; y eso, realmente, no tiene solución. Un malo puede cambiar o se puede negociar con él, pero un estúpido lo será siempre, no cambia jamás. Cuando un golpe de la vida se lleva por delante a un estúpido no parpadeo demasiado. El peor daño a la Humanidad se lo hacen los estúpidos”.

Lo que no está considerando Pérez Reverte es el daño que podría causar a la Humanidad una desaparición masiva de estúpidos. Lo primero que se iría con ellos serían los periódicos y la televisión. Y como quienes viven de explotar la estupidez humana en los medios de comunicación llenan nómina en el sector, millones quedarían en la calle. Y a esos desempleados se sumarían cientos de miles provenientes de áreas de mercadotecnia y agencias de publicidad. Ya sé, siempre quedaría el arte, quedarían las ciencias, pero ¿alguien se imagina un mundo sin Televisa? ¿Toda esa gente en su casa sin tener nada que hacer porque, además, les quitaron la telenovela y los reality shows y a Chabelo y a Pati Chapoy? Eso es ya un peligro inminente de un estúpido estallido social.

Se me ocurrió llevarme el periódico al baño y abrirlo al azar, en cualquier página, que de todos modos casi nunca dice algo que valga la pena leer, y así di de narices con un titular a toda plana sobre una infección que tiene en una nalga una tal Alejandra Guzman por unos no-implantes que nunca se puso. En la foto se veía una mujer demasiado  blanca y vieja (no la nalga podrida por supuesto) como para ser una niña refugiada de Darfour, pero así y todo leí el artículo y me estremeció hasta el estreñimiento. En qué mundo vivimos, me pregunté, que noticias como esta, que no lo deja ni cagar a uno, estupidez sobre estupidez sobre estupidez sin límites de tiempo o caídas, copan los periódicos y la televisión y los medios de comunicación en general hasta llenarle la cabeza a la gente de esa mierda como para que se olviden del mundo en que vivimos. Espérate ¿ahí se me fue? ¿a la cabeza?.

La entrevista entera con Pérez Reverte, que es buena y es breve, para quien le interese, está aquí:

http://www.abc.es/20091020/cultura-libros/peor-mundo-estupidos-realmente-20091020.html

Septiembre 21, 2009

El periódico y el nuevo ecosistema de medios

Decía Álvarez Guedes, comediante, que antes los problemas de salud no eran tantos ni había cosas tan sofisticadas como una ‘broncoaspiración’. Todo era más simple: la gente se moría de repente o de algo malo. El periódico estaría en el segundo grupo.

Quiero hacer énfasis en lo siguiente: nadie ha dicho que el periódico vaya a morir de un día para otro, ni tampoco van a desaparecer TODOS los periódicos. Repito mi apreciación, la misma que llevé al foro de Danilo Black en la cumbre de diseño de Monterrey a principios de septiembre: es el periódico impreso, no el periodismo, el que está agonizando, o para ser más precisos: es el modelo de negocios basado en el diario el que va a sufrir las transformaciones más profundas y en muchos casos  podría incluso dejar de existir.

El concepto de periódico se basa en la la noción de una entrega periódica de información con un foco principal en lo noticioso y un cierre diario. En la era digital el lector interesado cuenta con un flujo continuo de información y acceso a fuentes de todo el mundo, lo que hace obsoleto el mecanismo según el cual tiene que esperar a la salida de una publicación específica para recibir la información deseada.

Queda el hábito, ¿pero de quiénes y hasta cuándo? Incluso los inmigrantes digitales, que crecimos leyendo periódicos, sabemos que por la vía digital podemos obtener y contrastar cualquier información con modelos más flexibles, mayor diversidad de fuentes y recursos a cualquier hora, incluso de forma gratuita (aunque esto último puede no durar mucho).

Los nativos digitales ni siquiera tendrán el hábito ni encuentran ningún tipo de dificultad o limitación para acceder a la información por la vía digital y la prefieren. No obstante, el cambio no va a ocurrir de la noche a la mañana por varias razones. La base tecnológica: el acceso a internet de banda ancha en México, por ejemplo, hasta el año pasado era inferior al 30% de la población. Los anunciantes lo saben y también que es precisamente la población más joven, y por lo tanto con menor poder adquisitivo y decisión de compra, quienes pasan más horas en internet. Pero eso está cambiando a pasos acelerados, tanto como que son los ejecutivos altos y medios de las grandes empresas los que mayor uso hacen de otros medios basados en lo electrónico como la telefonía móvil (no pueden vivir sin blackberries, iphones y demás accesorios).

En Monterrey traté de enfocar mi ponencia a ofrecer a editores, diseñadores y otros un panorama de lo que se está haciendo an algunos medios impresos de vanguardia para asimilar y asimilarse al entorno electrónico y cómo sacar mayor provecho de fenómenos como, por ejemplo, el periodismo ciudadano. Digo traté, pero no lo logré, nunca llegué tan lejos. Un error imputable sólo a mí, aunque también hay que destacar que la sola mención del periodismo ciudadano fue recibida con verdadera animadversión por más de un profesional de las publicaciones periódicas.

En cualquier caso, el punto para mí es que los diarios harían mejor en encaminarse lo antes posible a adaptarse a este nuevo entorno y a integrarse de manera positiva y proactiva en este nuevo ecosistema de medios, en lugar de asumir actitudes reaccionarias. La única reacción posible hoy es reconocer sin dilación los cambios en los modelos de negocios y en los hábitos de los consumidores y actuar con base en tal reconocimiento para adaptarse e integrarse mejor a la era digital, cueste lo que cueste. O morir.

Por último, me gustaría señalar que esta nueva realidad presupone, sobre todo, un enorme reacomodo de fuerzas y de modelos. Muy probablemente las publicaciones LOCALES y COMUNITARIAS salgan fortalecidas cuando menos en una coyuntura de corto y mediano plazo, en la medida en que lo noticioso a nivel global migra a la red con un soporte multimedia y el peso de un seguimiento de profundidad de cualquier historia le otorga una energía renovada al periodismo narrativo y de investigación y con ello un nuevo predominio a publicaciones periódicas como semanarios, revistas y suplementos. AJ

Agosto 6, 2009

Culum Culum, crónicas mayas con mezcal y temascal

Playa del Carmen. Me refresco en un bar de la Quinta con una mala cerveza, aquí no hay de otra, en ninguna parte; puedes elegir entre los meados del Grupo Modelo y los de Cervecería Moctezuma, no hay más. Playa del Carmen en vivo y en directo y por unos cuantos días. Me relajo y observo, que casi vine a quedarme. Un neomaya que debió ser extra en Apocalypto y se quedó con el atuendo (hasta los lóbulos hipertrofiados) estaciona su bicicleta y cruza la calle y me doy cuenta que es mitad maya místico y mitad darketo-gótico. Esto sí es fauna local. Estamos viviendo un verdadero revival maya new age. No basta con que en toda la riviera… Maya tengamos ya alta cocina maya, bodas mayas, rituales mayas (todos muy buena onda, energía positiva y convivencia con la madre naturaleza), necesitamos auténticos creyentes y oficiantes del glorioso pasado maya (aunque los rasgos del cicleto denoten más sangre europea que indígena), verdaderos hijos y devotos de la grandeza de estos sabios y pacíficos antepasados que, está bien, aceptemos, tenían algunas costumbres raras, pero no es para tanto. Eso de sacarse el nabo delante de los comensales, pinchárselo y regar su sangre sobre la comida como ofrenda no lo hacían por incivilizados, lo que la gente no entiende es que esa era su CI-VI-LI-ZA-CION. No es que les gustara la sangre, eso es cosa de Mel Gibson (ya ven lo que hizo con la pasión de Cristo, y en Braveheart, a ese sí le gusta la sangre) pero los mayas no eran así. Hay que entender que tampoco tenían ni siquiera una hoja de buen acero y sacarle el corazón o arrancarle la cabeza a alguien con un cuchillo de obsidiana sin derramar mucha sangre es un poco difícil. Pero no significa que les gustaran los derramamientos de sangre, lo hacían por sus dioses. Y si hacían ductos y canales para que corriera el preciado líquido en sus centros sacrificiales no es porque estuvieran previendo que iban a echarse a un millar en un día, simplemente estaban conscientes de que a veces sobraban prisioneros, o los dioses podían tener una sed especial cualquier día y en esa época tampoco existía ni el grupo Modelo ni el grupo Moctezuma y sus ambarinos y sosos meados. Ellos en sí, los mayas, eran pacíficos por naturaleza, si hacían ciertas barbaridades era porque sus dioses tenían unos gustos medio diabólicos.

Además, eran unos grandes amantes de la naturaleza. Está bien, usaban la agricultura de roza y quema, pero eran unos pocos y no afectaban taaaaanto el entorno. Al contrario, los culpables, como siempre, fueron los españoles que pusieron un hacha en sus manos, porque si difícil es cortar una cabeza con un cuchillo de pedernal (u obsidiana) más difícil es tirar abajo el tronco de un zapote de quince metros con una maza con cuchillitas de obsidiana. Ellos amaban a la madre naturaleza, por eso no herían el bosque, le prendían fuego nada más, sembraban, recogían y prendían otro fueguito más allá y así. Eran gente muy inocente y amantes de la madre naturaleza, por eso hay que honrarlos y rescatar ese glorioso pasado de grandes urbanistas y arquitectos. Para levantar sus megatemplos y ciudadelas tipo Chichen Itzá simplemente les decían a los árboles que se fueran a otra parte, no los talaban ni los quemaban, y los árboles entendían, y más les valía porque era por los dioses y a éstos sí no había que enfurecerlos.

Y bueno, tampoco usaron la rueda, a menos que fueran los perendengues que se ponían en las orejas, ni conocieron la forja (y por tanto no tuvieron una Edad del Hierro ni una Edad del Bronce) ni la moneda, ni ninguno de tantos inventos de otras civilizaciones que significaron saltos en el desarrollo humano, pero eso sí, eran unos verdaderos sabios que se aplicaron con singular denuedo a matarse entre ellos, fuga de cerebros a mazazo limpio (sesos al aire). Muchos investigadores piensan que no hubo tal sequía ni hambruna ni enfermedades, simplemente se aniquilaron entre ellos, pero es difícil concebir eso de un pueblo taaan sabio. Eran guerreros, está bien, y sacrificaban humanos por montones, pero toda civilización tiene sus taras y no hay que dejarse impresionar por eso, sino ver lo importante, sus grandes aportes a la cultura universal, como el indescifrable dizque alfabeto maya (aquí dice que el príncipe de Calakmul le robó la mujer al de Xingun y mil guerreros frigios… no, eso es de los griegos, en fin, es que estos glifos están un poco gastados) y, sobre todo, el más grande legado que pudieran dejarnos como la gran raza que fue, de gente sabia como eran: desaparecer, que la vida no vale nada si no es para perecer, porque otros puedan tener lo que uno disfruta y ama, como dijo el gran Pablito Milanés FG y su Tumbao, no trascender hasta nuestros días, haber dejado de existir como “civilización” siglos antes de que llegara la lacra de la conquista, y así poder renacer con nuevo esplendor en nuestros días e iluminar con su gran sabiduría a esta humanidad desorientada y consumista. Mundo maya yes, goood, we love temascal, no not mezcal, Indio, Corona, Mexican beers. Dos Equis o XXX. Senotes, we love senotes too… llevarme al Chili Willies, Silicon Mountains, a un ritual maya con brasileiras, please que ya se me subió la Corona a la cabeza y me siento conquistador.

Julio 22, 2009

La Costra Nossa entra en escena

Desde el principio nos planteamos hacer un sitio diferente. ¿En qué sentido? En todos. Tiene una estructura radial y una navegación simplificada y un diseño que no se parece a nada que nadie haya visto hasta ahora en internet. ¿Por qué algo tan DIFERENTE? Por muchas razones, pero sobre todo para llamar la atención, que es para lo que hacemos tantas cosas los humanos, y porque creemos que el diseño web y el mundo de Internet ya merecen un poco más de interés y dedicación y una búsqueda estética y estamos hartos de páginas que se pliegan e imitan diseños cuadrados porque los periódicos y las revistas y los libros eran y son cuadrados (rectangulares, ya sé) y ese es el concepto que se tiene de una página. Y otra vez ¿por qué algo tan diferente? Porque también somos un proyecto distinto a cualquiera otro por lo que ofrecemos y por lo que hacemos, que involucra diferentes ámbitos y servicios en los que nos metemos. Y es sólo el principio, porque La Costra Nossa es un proyecto incluyente y abierto a otros proyectos afines, que sabemos van a aparecer porque quienes empezamos esto conocemos nuestro medio y a mucha gente consciente igual que nosotros de que estamos viviendo un gran momento, una era de transición descomunal y que hay que saber atrapar y disfrutar la efervescencia de lo que ocurre, cada quien en su ámbito. Y porque creemos fervientemente en la colaboración entre iguales. Carpe diem. Aquí es: www.lacostranossa.com.mx.

Julio 15, 2009

Lo dice Leila Guerriero (y dice bien)

Entrevistador: Crímenes, cárceles, guerrilla y narcotráfico: ¿es América Latina un continente para el periodismo de la miseria humana? ¿Cuánto de la visión folclórica de Latinoamérica que existe en Europa o Estados Unidos reproducimos nosotros mismos?

Leila Guerriero: En septiembre del año pasado, en Bogotá, la revista colombiana El Malpensante organizó una serie de mesas redondas durante un festival en el que se celebraron sus diez años de vida. Una de esas mesas llevaba por título “Las mentiras del periodismo latinoamericano” y allí leímos unos textos Alberto Salcedo Ramos, Julio Villanueva Chang y yo. Odio citarme, pero creo que parte de ese texto que escribí y leí responde tu pregunta. Acá va:
“(…) Hay un chiste más o menos viejo que pregunta cuál es la diferencia entre una hermosa mujer rubia desnuda y una hermosa mujer negra desnuda: la respuesta es que la rubia sale en Playboy y la negra sale en National Geographic.
Más allá del chiste, que es un resumen bastante exacto de un estado de cosas, nadie puede dudar que la crónica latinoamericana tiene oficio y músculo entrenado para contar lo freak, lo marginal, lo pobre, lo violento, lo asesino, lo suicida (yo misma podría poner una banderita arriba de cada uno de esos temas: a todos los he pasado por la pluma y a algunos, incluso, varias veces) pero en cambio tiene cierto déficit a la hora de contar historias que no rimen con catástrofe y tragedia. Puede ser que las buenas historias con final feliz no abunden y que contar historias de violencia dispare la adrenalina que todo periodista lleva dentro. Puede ser que sumergirnos en mundos marginados nos produzca más curiosidad que una realidad de acceso más fácil. Que hablar de los niños desnutridos sea, incluso, una prioridad razonable.
Pero también es cierto que hay una confusión que los mismos periodistas alimentamos y que ha contribuido a sobrevaluar el rol del periodismo de investigación o de denuncia, al punto de transformarlo en el único periodismo serio posible. Esa confusión reza que el periodismo equivale a alguna forma de la justicia cuando, en realidad, los periodistas no somos la justicia, ni la secretaría de bienestar social, ni la asociación de ayuda a la mujer golpeada, ni la cruz roja, ni la línea de asistencia al suicida. Contamos historias y si, como consecuencia, alguna vez ganan los buenos, salud y aleluya, pero no lo hacemos para eso, o sólo para eso.
Por otra parte, es probable que tanto a periodistas como editores nos dé un poco de vergüenza y culpa poner el foco en historias amables, precisamente porque nos sentimos más en deuda con los desnutridos, los marginados, etcétera, y porque, en el fondo, estamos convencidos de que, después de todo, aquellos son temas menores, aptos más bien para periodistas ñoños que escriben artículos repletos de moralejas o insoportables historias de superación humana.
Y, finalmente, a diferencia de las historias de niños muertos, asesinos seriales, mujeres violadas y padres enamorados de sus hijos, los temas amables casi no consiguen premios. Muchos concursos de periodismo escrito son el equivalente a los grandes premios fotográficos en los que la foto ganadora siempre es tomada en África o en el país bombardeado de turno, e involucra a un chico desnutrido, moscas, un perro flaco, la tierra resquebrajada y alguna señora aullando de dolor. Si en sus países de origen nadie da un peso por los niños con moscas en los ojos y las señoras que aúllan de dolor, es impresionante lo alto que cotizan en la bolsa de los premios.
Es probable, entonces, que la crónica latinoamericana no esté contando la realidad completa, sino siempre el mismo lado B: el costado que es tragedia. La negra desnuda de National Geographic”.
Entrevista completa en http://elmedioblog.blogspot.com/2007/06/leila-guerriero-latin-american-idol.html

–¿Qué es la soledad?

–Llegar a un pueblo desconocido tarde en la noche, entrar al cuarto de un hotel modesto, cerrar la puerta, apoyar mi mochila en el piso: ese ruido es la soledad.

–Yo le menciono alguna aseveraciones que cruzan mi mente y usted me responde… lo que quiera:

2) Más blanco que la nieve:

–Se empieza diciendo eso, se sigue con los dientes como perlas y se termina en que acá lo que pasa es que nadie quiere laburar. Nada más resbaloso que el lugar común.

4) El que ríe último ríe mejor.

Yo creo que la venganza es el berrinche de los débiles. Que la verdadera venganza es el olvido.

Entrevista completa en http://www.rionegro.com.ar/arch200606/04/v04f01.php


Julio 14, 2009

Meterse en honduras (la agonía y muerte del periódico II)

Lo que viene, en el mejor escenario, es un proceso de decantación y renovación del medio.  Soplan vientos de cambio, de los buenos para separar el trigo de la paja. Y las revistas y suplementos que dicen tener un enfoque de servicio al lector, pero con poco o ningún periodismo humanista, van a empezar a perder sentido y razón de ser, a menos que se integren con éxito en un soporte electrónico. Porque los servicios, más y mejores, están en la red.

Aunque algunos ya lo hayan olvidado y parezca lejano, hace menos de una década todavía comprábamos el periódico para ver la cartelera del cine o los resultados del fútbol o el béisbol de grandes ligas o el tenis o el hipódromo o la Lotería Nacional, todo eso era parte de la noticia y el ejemplar del periódico era el medio por excelencia para informar. Ya no y cada vez menos, aunque aún muchos lo lean, por hábito, porque no conocen otra cosa y no quieran conocerla, el empaque es obsoleto en todos los sentidos y ya ni siquiera llega a tiempo para informar.

Por si fuera poco, el periódico no puede llevar al lector más allá de sus páginas, de su línea editorial y de lo que sus periodistas pueden decir. Quienes siguen lo que está pasando en Honduras, o lo que hace Obama, o la situación en Irán, y de verdad les interesa, no se conforman ya con lo que dice La Jornada o Reforma, en caso de que alguien quiera pagar por ambos, cuando se tiene la posibilidad de entresacar la información desde perspectivas y ángulos diferentes, vincularla de manera hipertextual con información afín, y darle un verdadero seguimiento a cualquier evento a nivel mundial con una búsqueda detallada, que no sólo implica noticias y columnas de opinión escritas por medios locales o de alcance y distribución internacional, sino también la presencia creciente de un periodismo ciudadano que florece en la red con las nuevas tecnologías, a través de foros y comentarios de los lectores y que permite como nunca antes tomarle el pulso a lo que piensa y siente la gente, las “masas inteligentes”, los espontáneos. (A este renacer del periodismo ciudadano me enfocaré en un post aparte).
Pero, más allá de la noticia, dentro de poco nadie que esté interesado en un tema específico va a esperar la próxima edición del suplemento semanal o de la revista mensual que ocupa el nicho para ver si saca algo sobre este o aquel asunto, ya sea un nuevo accesorio, un suplemento alimenticio o si está bien el color de la caca de su bebé. Cualquier lector medianamente informado sabe hoy dónde encontrar la información que le interesa. Y más que eso, dónde encontrar a sus pares, con quién compartir esa información y ese interés.

Y me detengo a analizar… la caca del bebé con la atención de una madre primeriza. En el último año en que estuve en Reader’s Digest fui testigo de la inútil lucha de sus directivos por salvar la revista Crecer Feliz. En cada reunión del comité editorial (que eran todos, ventas, editorial, mercadotecnia, etc) se hacían propuestas: que si el sampleo de revistas en las salas de maternidad, que si Padres e hijos hacía esto y  Mi bebé y yo hacía lo otro, que si Martha Debayle y su bbmundo (definitivamente el concepto que se va a imponer)… que si regalarla como estaba haciendo la competencia. Y revisemos el P&L, y veamos como se está comportando la publicidad… (No, no se está comportando, ni siquiera se está reportando). Yo había desistido de participar en el debate porque todos sabían mi postura y era lo que nadie quería escuchar: Crecer Feliz había pasado a la historia hacía rato, y todas las revistas del nicho iban a correr con la misma suerte. Y así va a ser por una simple razón: las mujeres que están en edad de ser madres hoy, en la zona, y mucho más las que vienen, y que saben leer, no van a tener ninguna duda de hacer la consulta que necesiten sobre lo que sea que le ocurre a su bebé, o lo que quiera saber, no sólo en los sitios de Internet, más o menos serios y confiables, con reconocidos expertos, sino también en los cientos de foros de madres que han pasado por lo mismo, y que viven emociones y preocupaciones  cercanas y las comparten en la red con sus pares. Y ahí es donde está la verdadera competencia de este tipo de revistas.
En Reader’s Digest, que ha desatendido tantos llamados, eligieron siempre y a conciencia abortar cualquier iniciativa que implique una inversión seria en renovarse. Hacen como el avestruz para no ver lo obvio: que una buena parte de las revistas de nicho como Crecer Feliz están condenadas a muerte (Ya Crecer Feliz liquidó, by the way). A los directivos comerciales de turno no les convenía enfrentar realmente el problema de fondo, la transición necesaria hacia la plataforma electrónica que genera comunidades e interactividad y es la apuesta imprescindible en publicaciones con una audiencia como la de Crecer Feliz, con una clara segmentación y temporalidad de usuario.

Así está pasando en medio mundo, muchos directivos y empresas editoriales ahora quieren “salvar” revistas y publicaciones insalvables (e impresentables, ya de por sí muy maltradades por la reducción de presupuestos, el copiar-y-pegar y el descrédito en los contenidos editoriales), sólo con palos de ciego y pataleo de ahorcados, porque no hay presupuesto autorizado para nada más y es todo lo que pueden hacer para mantenerse en su puesto, aunque en el fondo ellos mismos sepan que nada de esto tiene futuro, que viven en un compás de espera y que, por el contrario, están contribuyendo a generar una situación insostenible para sus revistas, un circulo vicioso en el cual la búsqueda de soluciones de corto plazo, y de muy bajo costo, sólo sirve para hacer publicaciones periódicas cada vez peores en todos lo sentidos y prolongar la agonía de sus títulos, mientras el negocio emigra a la red a velocidad creciente.

Julio 3, 2009

La agonía y muerte del periódico

El concepto mismo ha sido superado por el lector contemporáneo. Los cierres de edición de los periódicos ya no tienen implicación alguna para él porque las noticias fluyen en la red tal como van saliendo, desde todas partes del mundo, recogidas en fuentes a miles de kilómetros y con diferentes usos horarios. En la red no hay cierres editoriales, cualquier periodicidad le es ajena. La noticia deja de serlo antes de llegar al impreso, lo noticioso se cuece en al ámbito de la red.
El periódico como medio siempre fue un objeto ecléctico en el peor sentido, donde se reúne todo tipo de información en el afán de que a cada quien le interese algo, y el usuario paga por el todo para consumir el algo. Nadie lee el periódico completo como se hace con un libro, ni siquiera la sección de deportes completa. Pero era lo que había, el empaque posible, como mismo nos acostumbramos en la preehistoria a escuchar LPs de doce canciones, y si nos gustaba Satisfaction y Angie y Paint it Black de los Rolling teníamos que dispararnos el disco completo hasta que los berridos de Mick Jagger nos reventaran la mollera y el ánimo. Después vino el CD, al que sí le podías meter mano y fue un alivio, y más tarde el torrente de todas las mezclas en empaques tan flexibles como lo puede ser un ipod, donde sólo tiene que estar lo que uno elige, y punto. Y lo mismo está ocurriendo con todo, ya se ha dicho, la era digital es, entre otras cosas, la del consumidor que elige.

Énfasis aquí: no es el periodismo lo que se está muriendo, es esa institución llamada periódico o diario y su modelo de negocios. El periodismo está más saludable que nunca, tiene cada vez más medios y formas de difusión.

¿Otras publicaciones periódicas, las revistas, por ejemplo, perecerán también con la llegada de este meteorito que ha sido revolución digital?
Cuando menos saldrán profundamente transformadas, quizá en un plazo más largo, pero ahí el debate es más amplio, porque la revista no es esencialmente noticiosa, no es su razón de ser. Su desaparición, en todo caso, va a ser más lenta e incluso algunas publicaciones periódicas tradicionales podrían salir fortalecidas. Se verán surgir otras periodicidades. El semanario podría cobrar una vigencia renovada.
No es el periodismo lo que está muriendo, es el modelo de negocios del periódico, como diario sobre todo. Y hay que estar ciego para no verlo, o hacerse el ciego. Un sesudo artículo en El País hace unos meses suponía que anunciar la muerte de la prensa escrita era un acto de especulación más y que no había forma de saber si en el futuro leer los diarios podía estar otra vez de moda (ya encontraré el susodicho artículo y lo colocaré aquí). Tratar la revolución digital como una moda es crear un hombre de paja, wishful thinking, trasnochada nostalgia y, sobre todo, no querer ver por las razones que sean.
Muchos inmigrantes digitales hemos dejado de leer el periódico impreso de manera regular y las razones para ello serían muchas. En mi caso ni siquiera fue una postura o un acto consciente, así se fue dando, en la medida en que encontré formas más accesibles, dinámicas y flexibles de acceder a la información e incluso de contrastarla. Ahora me pregunto cómo se puede suponer que dentro de veinte años alguien quiera leer un periódico como lo concebimos hoy, cuando ya no existan siquiere inmigrantes digitales y la mayoría de los adultos sean, de hecho, nativos digitales. Es como cruzar el Atlántico en una carabela en la era de la aviación supersónica. A menos que las circunstancias nos obliguen a ello, o lo hagamos por motivos recreacionales o de investigación (en que el viaje en sí mismo es lo que importa), se trata de una ocurrencia.
La condena a muerte del periódico impreso es un hecho, es la prolongación de su agonía lo que depende de muchos factores. Uno de ellos, de suma importancia, es la publicidad, columna vertebral del negocio aunque algún lector inocente crea lo contrario. Internet sigue teniendo una incidencia baja, aunque a la alza, en el mercado de la publicidad, pero eso es sólo cuestión de tiempo. Quienes compran espacios publicitarios desconfían aún de un medio donde es más difícil imponer la publicidad, al menos por el momento, porque el usuario es mucho más libre de elegir lo que consume y tiene una disposición natural a hacerlo. No es un usuario pasivo… [continuará]

Junio 24, 2009

Fábula del león y las hienas (más piratería)

El león caza un antílope y se sienta a devorarlo. Llegan las hienas y le piden: comparte, bróder. Yo lo cacé, dice el León, cacen ustedes el suyo. Pero las hienas están hambrientas y los antílopes corren como endemoniados. Vuelven con el León: danos algo, so cabrón, es un antílope grande, alcanza para todos. Nanais, dice el León, yo lo cacé y es mío, muevan el culo y pónganse a cazar o se quedan como Pánfilo, sin jama, y sigue dándole diente a su antílope. Las hienas dan vueltas alrededor del cazador y su presa y hacen chistes tipo Whoopi Goldberg a cuenta del Rey León, pero están furiosas. Al León no le gusta su risa, pero tampoco les tiene miedo. Por el contrario, toma un hueso ya roído y se los tira, arranca tiras de carne de los flancos del antílope y juega con ellas antes de engullirlas. Las hienas están hambrientas pero no pueden hacer nada frente al poderoso rey de la selva, sólo esperar. Discuten. Unas proponen salir a cazar hasta encontrar algo, hacer un mayor esfuerzo, pero otras dicen: la presa está aquí, sólo es cuestión de tiempo, no se lo puede comer todo. Dos hienas enamoradas deciden irse a cazar por su cuenta, si no hay antílopes habrá ratas, pero de hambre no nos morimos, dicen, nos gusta cazar y ser libres. Las otras hienas se ríen en su cara: ustedes lo que quieren es coger por la libre, y las dejan ir. Y siguen a la espera.
El León insiste: comeré hasta que me reviente, hijas de su puta madre, trabajen coño. Pero las hienas parecen tener tanta paciencia como el león fuerza. Así trabajamos, dicen entre risas, entre ellas. Y están cada ves más hambrientas y furiosas pero, hienas al fin, siguen riendo y esperando. El León ahora ha comido tanto que apenas puede moverse, así que las hienas empiezan a acercarse a lo que queda del antílope y al gran cazador adormilado. El león quiere echarse ya la siesta pero no puede así, rodeado de hienas. Ruge de vez en cuando y suelta algún zarpazo al aire para ahuyentarlas. Al final se duerme y las hienas arrastran los restos del antílope y se despachan, pero son muchas y el león, que no comparte, se comió tres cuartas partes. Y las hienas se han quedado hambrientas y furiosas, y el león está que no puede moverse.

Cannes (Francia). (Agencias).- Mientras la industria del disco se lleva las manos a la cabeza ante las pérdidas que supone la existencia de la piratería organizada, el cantante británico Robbie Williams afirmó en Cannes, antes de actuar en la gala de los Premios NRJ (antesala del MIDEM), que descargarse música a través de la Red le parece algo “genial” que él mismo practica. Además, aseguró que el problema del pirateo no le afecta en absoluto: “Mis discos se han vendido estupendamente, así que los copie quien quiera copiarlos”, declaró un intérprete que ha vendido 5 millones de copias de su último álbum y 28 millones de originales en toda su carrera.
Eso lo dijo Robbie Williams en 2003. En esa misma nota dice esto una representante de la industria: Si no se detiene la piratería “las compañías discográficas tendrán menos dinero para buscar nuevos artistas y promocionarlos, y los consumidores encontrarán una oferta empobrecida”. ¿Quien suena más realista, incluso más honesto? Otra pregunta: ¿Alguien ha escuchado del cierre de alguna de las grandes disqueras desde el 2003 hasta hoy? Y si así fuera ¿se dejaría de producir música? Al parecer ocurre lo contrario: cada vez se diversifica más la oferta musical.

Me dicen: ¿y a ti te gustaría que piratearan tus novelas? Bueno, esa es la pregunta más inocente que pudiera escuchar, pero me abre el espacio para dejar aquí la respuesta, sobre todo porque hay amigos entre quienes me cuestionan. No puedo decir que me gustaría, pero de lo que sí estoy seguro es de esto: que te pirateen no es más que la declaración final del éxito de una obra. Yo mismo me encargaría de armar el gran escándalo contra los piratas para promocionarme y asegurarme de que más gente se enterara de que mi novela existe. Es tan simple como esto: nadie va a piratear la novela de un perfecto desconocido (me pueden plagiar, que es otra cosa) que no ha escrito nada de reveladores manuscritos medievales ni da consejos de autosuperación, ni recetas de cocina erótica. La piratería llega tras un éxito tal de ventas (ya sea real o asumido), que alienta a otros a sacarle jugo todavía a cual sea el producto. Si el libro no tiene éxito comercial, menos lo va a tener el pirata y él lo sabe. En el muy remoto caso de que eso llegara a ocurrir estaría bien poder decir lo mismo que Robbie Williams y no hacer como el león.

Mayo 20, 2009

Abre la muralla, cierra la muralla

Lo siento, las opiniones vertidas a favor o en contra de una serie de artículos de irreflexión míos  (he borrado varios) me han hecho ver y sentir que algunos de mis posts se alejaron del sentido inicial de este blog: escribir textos breves de no ficción con todo el desenfado que pueda permitirme. Compartir lo que considero bueno. Crear un sitio y un ámbito amables. Esgrimir el ejercicio del criterio y la crítica desde la decantación positiva. No me interesa atacar a nadie ni generar polémica (y tiendo a dejarme arrastrar fácilmente a ello), ni ser tampoco bandera de otros. Si algo he aprendido tempranamente de mi experiencia bloguera es que a diferencia de la escritura literaria, que se hace en solitario y en silencio, el blog es un espacio público, con los ruidos y las voces dispares y la necesidad de cada quien de aportar lo suyo. Me parece perfecto y necesario, es parte de la vida de un blog, pero también es muy limitado este entorno para discutir a fondo y en serio tema alguno y ciertas estridencias afectan mi concentración en la escritura y el placer de escribir. Y para trago amargo, la cerveza.

Mayo 16, 2009

La Francesa y la Ratita

Cuando conocí a la Francesa los muchachos de la Compañía la tenían más que ubicada. Era de Le Mans e imponente. Con su 1.75 de estatura y líneas aerodinámicas era como los coches que corren el famoso circuito de su ciudad. Allí, en el Evento mismo, la habían contratado para trabajar en ventas para la televisión de este lado del Atlántico, aunque hablaba aún un español bastante rrrraro. No le hacía falta hablar tampoco, ni nadie pretendía que hiciera algo más que estar presente.
No me costó mucho romper su halo, me dejó entrar a la primera. Durante un par de semanas estuve eufórico sólo con verla desnuda. Y, por qué no, de pavo real ante los varones de la Compañía. Ella mantenía la maquinaria al tope: dos horas diarias de gimnasio, complementos alimenticios, cremas. Y también sabía dar masajes, y crear una atmósfera de inciensos y ungüentos orientales mientras escuchábamos al arrrrrastrado de Jacques Brel (que me sale belga) su Ne me quittes pas. Pero a la hora de la hora, la Dueña de la Imponente Carrocería dictaba las pautas. Y eran sencillas: ponte aquí, detrás de mí, haz lo tuyo y déjame hacer lo mío.
Entonces, en el silencio y el vacío post orgásmico de la tercera semana me dice que le había hecho mucha gracia la manera en que la abordé la primera vez, que yo era como “una rrratita”. Me reí pero mi ego estaba ya retorciéndose en el piso, mis escasos 1.67, boqueando. Entonces enfoqué mejor la imagen: yo tras ella, haciendo malabares porque no le llegaba arrodillado y de pie quedaba muy alto y tenía que mantenerme en la zona y controlado para venirme justo cuando ella llegara de acuerdo al dictado de su dedo. “No puedo tener un orgasmo sola”. Confesó y yo me sentí aún más miserable, used and abused.
Tres años después la vi en los Bosques, yo corría con alguien y ella se preparaba para correr, hacía estiramientos, miraba su Polar. Cruzamos la mirada, me sonrió y la escuché decirme “rrratita” sin hablar. Y la habría maldecido, pero seguía igual de imponente, y además recordé todo lo otro: su piel cuidada con exquisitez, el esmero y la dedicación que ponía en devolver las atenciones a quien le sirviera para lograr su orgasmo, su nostalgia por Francia.